Antecedentes
La contaminación
ambiental constituye uno de los problemas más críticos que afectan a nuestro
mundo, por el excesivo crecimiento automotriz, el monóxido de carbono es
considerado como uno de los mayores contaminantes de la atmósfera terrestre en
cantidad tal, que causa efectos adversos en el hombre, en los animales,
vegetales o materiales expuestos a dosis que sobrepasen los niveles aceptables
en la naturaleza. Los contaminantes principales son los productos de procesos
de combustión convencional en actividades de transporte, industriales,
generación de energía eléctrica y calefacción doméstica, la evaporación de
disolventes orgánicos y las emisiones de ozono y freones.
Cuando se habla
de la contaminación ambiental, inmediatamente se asocia a las unidades de
transporte, que por su antigüedad o mal mantenimiento votan humo por su tubo de
escape; por lo cual se deduce, que el sector transporte es el responsable de la
contaminación y, para evitar esto se piensa en las revisiones técnicas y
mediciones de gases de escape como solución a la problemática.
La atmósfera actúa
como una trampa térmica y este efecto invernadero aumenta con la concentración
de gases como el CO2. La actividad humana, la deforestación y, sobre todo, el
transporte y la quema de combustibles fósiles incrementan la presencia de este
gas en el aire. La concentración atmosférica de CO y CO2 se ha incrementado en
un 31% desde 1750. La única forma de frenar la modificación del clima es
reducir drásticamente las emisiones de gases invernadero, como el CO y CO2. Esta
sustancia es bien conocida por su toxicidad para el ser humano. Sus efectos
tóxicos agudos incluida la muerte han sido estudiados ampliamente; sin embargo,
sus potenciales efectos adversos a largo plazo son poco conocidos. En los
últimos años, los estudios de investigación experimentales en animales y
epidemiológicos en humanos han evidenciado relación entre población expuesta en
forma crónica a niveles medios y bajos de monóxido de carbono en aire
respirable y la aparición de efectos adversos en la salud humana especialmente
en órganos de alto consumo de oxígeno como cerebro y corazón. Se han
documentado efectos nocivos cardiovasculares y neuropsicológicos en presencia
de concentraciones de monóxido de carbono en aire inferiores a 25 partes por
millón y a niveles de carboxihemoglobina en sangre inferiores a 10 %. Las
alteraciones cardiovasculares que se han descrito son hipertensión arterial,
aparición de arritmias y signos electrocardiográficos de isquemia. Déficit en
memoria, atención, concentración y alteraciones del movimiento tipo
parkinsonismo, son los cambios neuropsicológicos con mayor frecuencia asociados
a exposición crónica a bajos niveles de monóxido de carbono y
carboxihemoglobina.